Penyal Migdia

/ agosto 11, 2023/ Naturaleza/ 0 comentarios

Es un precioso domingo de febrero y me decido hacer la ascensión al Penyal des Migdia, a 1.398 metros sobre el nivel del mar. Circulo por la carretera C-710, sentido Pollença a Sóller. En el punto kilométrico 37.8, tras pasar por un túnel, dejo mi vehículo apartado de la calzada en las cercanías de una curva con pretiles.

COMA DE N’ARBONA

Comienzo a caminar sobre el asfalto hacia un pequeño torrente que se esconde entre la vegetación. Tras cruzar el torrente asciendo por un camino de tierra que se adentra en la umbría del bosque. Recorro el camino que serpentea entre el bosque cubierto por un manto de hojas secas de encina. Pocos minutos más tarde el camino se convierte en una senda de montaña. Abandono la espesura del encinar situándome al pie de una gran pedrera, en este punto vadeo el lecho del torrente para situarme en el margen izquierdo del mismo. Sigo la senda, ahora entre pinos, hasta llegar a un muro rocoso a mi izquierda. De su base surgen unas gotas de agua que se pierden bajo las piedras. Aprovecho este idílico paraje para hacer un descanso.

Más adelante vuelvo a cruzar el torrente, siguiendo la antigua senda de neveters (hombres de la nieve). No, los hombres de la nieve no eran abominables seres que se comían a los niños, sino hombres que se dedicaban a transportar la nieve compactada de las cavas, situadas en las partes altas de la montaña, a las poblaciones cercanas. La finalidad de esto era suministrar hielo para la conservación de alimentos, incluso la confección de ricos helados.

Me dirijo ahora hacia los pies del gran murallón de Sa Regana. Esta pared rocosa la tendré a mi derecha durante la ascensión por la Coma de n’Arbona. En este tramo del recorrido me pongo en alerta por la caída de algunas piedras. Pronto me doy cuenta de que por encima de mí unas cabras andan buscando su sustento o simplemente están dando un paseo.

COLL DE SA VOLTA

Llego a la primera casa de neu. Se encuentra pegada a la pared por la que se alza una enorme enredadera. Sigo ascendiendo por la senda y llego a la segunda casa de neu. Ésta, algo más alejada de la pared rocosa y de una considerable profundidad, presenta uno de sus muros en un perfecto estado de conservación. La verticalidad del muro es admirable, dado los pocos medios técnicos con los que se contaban por aquellos tiempos para conseguir tal perfección.

Me alejo del murallón con gran alivio. Sigo la senda que ahora asciende, dando varias revueltas, en dirección a un collado. Tras un penúltimo esfuerzo llego al Coll de sa Volta. Me recupero del largo ascenso y disfruto de las magníficas vistas que se me ofrecen. Abajo el embalse de Cúber y hacia arriba el cercano Puig Major, invadido por las construcciones militares que resaltan sobre su perfil.

Tras el descanso asciendo un poco más hasta alcanzar la carretera que lleva a la base militar. Me topo con un cartel que anuncia: «ZONA MILITAR. PROHIBIDO EL PASO». El cartel no intimida mi empeño por alcanzar la cima que me había propuesto. Aunque es cierto que me encuentro a merced de cualquier patrulla militar que me pueda interceptar y exigir que abandone la zona, según información de los excursionistas más asiduos, esto es poco probable.

PENYAL DES MIGDIA

Camino unos escasos veinte metros por la calzada, en dirección a la base. A la izquierda observo una pedrera. Me da la sensación de que se trata de un derrumbe hecho de forma artificial realizado para el paso de la carretera. Examino el entorno. No existe senda ni marcas de subida y llego a la conclusión de ser casi la única posibilidad para acceder a la escarpada ladera del Penyal: subir por la pedrera.

Desde aquí trazo la estrategia de ascensión, buscando la subida más cómoda. El objetivo es llegar a una pequeña brecha en la cresta, a la derecha del punto más alto. Comienzo a ascender por la línea de máxima pendiente a través del pedregal, no sin dificultad. Dejo bajo de mí la zona de piedra suelta y llego a un paso rocoso que debo trepar ayudado con las manos. Salvado este paso me encuentro en un pequeño collado. Desde aquí me dirijo hacia el punto más alto: la cima del Penyal des Migdia.

Desde la segunda cima más alta de la Serra Tramuntana disfruto de una de las vistas más vertiginosas de esta sierra. Ya no es sólo por la altura alcanzada sino por la verticalidad de sus laderas y el inmenso vacío que se siente al asomarse por cualquiera de sus vertientes. Es espectacular e inquietante a la vez.

CRESTA DEL PENYAL

Según la información que he manejado para planificar la excursión, el descenso puedo hacerlo por tres lugares diferentes. El primero es, lógicamente, por donde he subido. Valoro el hecho de que la bajada por una fuerte pendiente siempre es algo más dificultosa, sobre todo en los destrepes. Por ello lo descarto. La segunda opción es seguir la cresta en dirección suroeste, descendiendo después por la ladera norte hasta situarse en el Camí des Cingles o de Bini, que conduce hasta la carretera. Esta opción presenta la dificultad de atravesar un bosque muy abrupto y sin senda.

La opción por la que me decido es, a mi entender, la más fácil pese a ser un itinerario vertiginoso. Comienzo a recorrer la cresta noreste que se enfila en dirección al Puig Major. Aunque el acceso parece imposible a simple vista, voy buscando los pasos entre las rocas y en ocasiones sorteándolas por encima. La sensación de riesgo y diversión se mezclan. A mitad del recorrido salvo un paso en el que debo trepar por la roca, utilizando la fuerza de brazos y piernas. A medida que me acerco al final de la cresta las laderas a ambos lados se vuelven más suaves.

Finalmente desemboco en la carretera militar, que tomo en dirección descendente. Tras varias curvas llego al cartel avisador de entrada en zona militar y posteriormente al Coll de sa Volta. A partir de aquí el descenso lo realizo por el mismo camino de subida y que deshago hasta llegar al coche.

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