Sóller
La excursión en el Tren de Sóller es una típica y turística excursión que no debemos perdernos por el encanto que supone subirse a un tren ambientado en la época de los años 20 y que atraviesa la Sierra Tramuntana para llevarnos a través del pasado a la bonita población de Sóller. Es algo que no olvidaréis.
HISTORIA
En 1912 fue inaugurado el Ferrocarril de Sóller que unía la capital de la isla con dicha población. A principios de siglo, como respuesta a la necesidad de exportar sus preciadas naranjas y dada la dificultad de hacerlo por carretera hasta Palma (hay que subir y bajar un puerto de montaña), los vecinos de Sóller decidieron afrontar, mediante la compra de acciones, el coste de las obras de construcción de una vía de ferrocarril que uniera la capital con la población. Las obras duraron tres años hasta que los sollerics vieron cumplido su sueño.
Hasta 1929 el tren era arrastrado por una locomotora de vapor pero a partir de entonces se sustituyó por otra eléctrica. A mediados del siglo XX, con la mejora de las carreteras en la isla y la construcción del polémico túnel, este transporte fue perdiendo interés comercial a la vez que ganaba interés turístico.
Hoy en día el tren mantiene el estilo de principios del siglo XX con sus vagones de madera, sus asientos de cuero marrón, revestimiento interior de caoba y sus ventanillas de apertura vertical: toda una joya de la historia del ferrocarril.
EL VIAJE
Para comenzar nuestro viaje debemos acudir a la estación del Tren de Sóller, situada en la Plaça Espanya de Palma. Allí cogeremos el tren lo más temprano que podamos para aprovechar el día. Durante la hora necesaria para cubrir 27 kilómetros el tren salva la barrera natural de la Sierra de Tramuntana a través de varios puentes, un viaducto y varios túneles, todo por un bello entorno natural.
Durante el trayecto el tren hace una parada en el mirador des Pujol d’En Banya donde podremos disfrutar de unas maravillosas vistas. El traqueteo de las ruedas sobre los raíles y el sonido del silbato abriéndose paso a través de las montañas es un espectáculo único e inolvidable que hará que nos sintamos en otra época.
LA CIUDAD
Después de Palma, Sóller es la ciudad más importante del modernismo mallorquín. A finales del siglo XIX, Sóller vivió una gran crisis provocada por un parásito que destruyó la mayor parte de lo que por entonces era su principal fuente de riqueza: la naranja. Muchos, arruinados, decidieron emigrar a países del Caribe y europeos. Más tarde, a principios del siglo XX, con el descubrimiento de la vitamina C, el cultivo de esta fruta resurgió gracias a la gran demanda y los que se quedaron cambiaron su estilo tradicional por otro más distinguido, utilizando piedra marès en sus fachadas, elegantes patios y trabajos artísticos en madera y forja.
Los que regresaron de América, en una muestra de su éxito al otro lado del Atlántico, construyeron sus palacios al mejor estilo colonial, otros provenientes de Europa aportaron las ideas del modernismo de cambio de siglo.
Toda esta riqueza arquitectónica queda reflejada en edificios como la iglesia parroquial de Sant Bartomeu, el Banc de Sóller y en las calles principales de la ciudad, calle de Sa Lluna y Gran Vía.
Sóller es hoy una ciudad turística cuyo símbolo, la naranja, se utiliza en diversos platos de cocina típica y sobre todo en sus dulces y pasteles. No debes dejar de probar algunos de sus dulces, mermeladas y helados artesanales, tomar un refrescante vaso de zumo de naranja recién exprimido (los meses de septiembre a noviembre son la mejor época) sentados en su plaza contemplando el paso del tranvía entre los turistas.
EL PUERTO
El port de Sóller se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad, en una bahía con forma circular alrededor de la cual el urbanismo desmesurado ha dejado su huella. Este trayecto lo podemos realizar montados en el simpático tranvía, también de principios del siglo XX, que circula junto a la carretera. Junto al puerto deportivo podemos disfrutar de un baño en la playa y tras ella tomar un refresco en una de sus numerosas terrazas al pie de lo que fueron las casas de los pescadores, que hoy albergan comercios, bares y restaurantes.
El puerto de Sóller es un lugar perfecto para disfrutar de un plato típico de Mallorca: la caldereta de langosta o sus preciadas gambas.